... Cojió las braguitas de lino rosa que había dejado tiradas por el suelo y se las volvió a poner; mientras tanto, él, tendido en la cama todavía la miraba medio adormilado. Miraba sus finas curvas, los pliegues de la piel al doblarse, sus pequeños senos, presos de la gravedad, que bailaban por su cuenta todos los movimientos que ella hacía. Por supuesto, dirigió su mirada azul hacia un rostro escondido por la melena negra, que caía salvaje cubriendo sus facciones. -¿Qué miras?- Dijo ella, acusándole con los ojos, mientras él, a modo de respuesta, bostezaba- Creo que ya me has dado suficiente.-. Ella fingió subirse los pantalones, mientras en sus ojos forzadamente cerrados, un par de lágrimas rebeldes pugnaban por salir. Se mordió el labio, haciéndose daño en la encía con el piercing en forma de aro que acentuaba la comisura derecha del labio inferior. Cooper, mientras tanto fingió no darse cuenta. Se dió la vuelta en la cama, cerrando los ojos, y pensando cómo decirle a ella que hacía apenas un mes que se acostaba con otra chica. Más joven, tal vez mas bella, más salvaje en la cama y... no, quizá no tan especial como ella. Había sido él quien la había besado por primera vez, el que la había enseñado a hacer el amor, la había modelado a su imagen y semejanza. Aun así, una vez acabado el trabajo ya no había nada más que hacer. Cooper, más adulto, más experimentado, decidió decírselo en el momento, sin rodeos. -Nena...-se quedó en silenció esperando una contestación, pero al ver que ella simplemente lo miraba con sus grandes ojos oscuros prosiguió su discurso- Me parece que lo nuestro no va a ninguna parte. No es tu culpa, en absoluto. Simplemente creo que me estoy haciendo mayory necesito a mi lado a una mujer que sea... - Se quedó pensando la palabra adecuada para no dañar los sentimientos de la muchacha, y se sorprendió al oírla hablar- Necesitas otro lienzo en blanco.- Borró la lágrima que bajaba por su mejilla con el dorso de la mano y sin decir nada, tan sólo mirándole a los ojos, se acercó a el, agarró su pequeño sexo adormecido y lo retorció en su mano, lo cual hizo que Cooper soltara un alarido. Acto seguido, cogió la chaqueta y el móvil y cerró la puerta de la habitación de un portazo.-¡Puta!- Gritó Cooper cogiendo su pene con ambas manos. Ella lo oyó. Volvió sobre sus pasos y volvió a abrir la puerta. Vió al que había sido su ¿Novio? durante un par de años, y a pesar de haberlo amado, en ese momento, tirado en la cama, en posición fetal y cubriendo el órgano malherido se le antojó patético, Entonces, levantó el dedo corazón de su mano derecha -muérete cabrón- Y volvió a dejarlo atrás, temblando de miedo ante la perspectiva de que ella volviese e hiciese trizas lo poco que quedaba ya entre sus raquíticas piernas.
Respiró el aire de la calle, inspirando profundamente y llenando la totalidad de sus pulmones. Estaba afligida, había echado dos años de su vida por la borda, pero al menos ya se había deshecho de ese quiste que la había atormentado durante mucho tiempo.
Por fín, ella era libre.







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