En tres tiempos se desgrana la vida: pasado, presente y futuro. Recordamos el pasado, planeamos el futuro; y entre recuerdos y planes el presente se desvanece como la voluta de humo de un cigarrillo.
El Doctor Sibelius J. Wainwright acababa de hacerse un té. Al momento olvidó de que sabor estaba hecha la tisana. Menta y cilantro:-¡Puaggg!- Escupió el primer sorbo rápidamente, poniendo cara de asco. Incluso se le habían erizado los largos pelos de su bigote color marfil debido al desagrado. Dejó la taza todavía humeante en el banco marmóreo de la cocina y se dirigió con las manos vacías a la gran biblioteca, su más preciada posesión. Se dirigió a la vitrina y cogió una copa de culo ancho y cuello corto, se dirigió al minibar y destapó la botella de cognac añejo, echando un poco en su vaso. Cerró los ojos, se acercó la copa a la nariz y dejó que el olor a viejo se colase en lo más recóndito de sus entrañas. Se acercó la copa a los labios y saboreó el licor lentamente, como quien toma por primera vez a una mujer... con temor a que no se caiga ni úno solo de sus pétalos.
Se dirigió al gran sillón tapizado en terciopelo morado oscuro con ribetes dorados. El olor acre de la leña quemándose en la chimenea le hizo sentirse reconfortado. Cogió las gafas de media luna y montura plateada que había encima de la mesita de al lado del sillón y las montó sobre su nariz ligeramente aguileña, acomodadas para que no se cayesen. Entonces cogió el libro de la mesilla auxiliar, lo abrió por el principio y comenzó a leer...
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